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 1 Mujer descalza
eva Sin zapatos
Buenos Aires - Argentina
Desde que abrí los ojos ,supe que la magia de las palabras podía pintar mi alma. Creciendo, descubrí que además debía intentarlo, que el brillo de la gota deslizandose hasta el vértice de la hoja de sauce, podía llevar mis sueños en un viaje eterno y necesario.Viviendo, aprendí que el sentido de un todo se define cuando puedo nombrarlo, y hacia la mitad de mi vida, supe que trascender significa dejar hojas en el viento, que en algun lugar sean recogidas por otros, y sumando colores , texturas, olores, sean echadas al vuelo nuevamente.
Aqui dejaré hojas en el viento, y en ese vuelo iniciático invito a todos ustedes.
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Últimos comentarios de este Blog

07/04/15 | 21:19: Marina Kauffman dice:
Hola Eva. No nos conocemos, quizás como con otras personas que te han escrito. Hoy recibí esa bella oración sobre los niños y busqué el autor en internet y apareciió tu blog. ¿Eres tú la autora? Es muy bella y profunda. Un abrazo
20/01/15 | 11:31: Pato dice:
Hola, es realmente difícil en el gran Bs. As. el ingreso escolar. Nosotros vivimos en el partido de 3 de febrero y aquí no hay ciclos básicos para niños con Sme de Down que deban asistir a escuela diferencial, pasé 8 meses buscando cerca de casa, hasta que una maestra me dijo que ya no perdiera el tiempo con este partido. Luego comencé con las escuelas diferenciales de los alrededores, (Ramos Mejía, San Martín, Versalles, etc.) y aún así me encontré con 500 peros,-es muy chiquito..., no camina..., usa pañales..., este año se anotaron todos niños con TGD de 6 y 7 años...) Finalmente encontré uno a 5 Kms de casa en S. Martín. Me chocó un poco conocerlo, pues me pareció lúgubre, algo apagado, la salita no esta decorada como cualquier jardín y me gustaría que tuviera un ambiente más infantil, porque son niños y son chiquitos todavía y necesitan sentir que no están en un hospital, pero todavía tengo esperanzas de que todo salga bien para mi gordito a pesar de que sigo con esa sensación de que estoy haciendo algo mal. Saludos y suerte
26/12/14 | 20:30: Cesar Sauan dice:
Eva Nuevamente estoy invitando a autores que me agradan sus trabajos a sumarse en los Libros Compartidos de mi taller ( www.cesarsauan.blogspot.com) para Editoras Dunken y AYE Bogotá Colombia...Si interesa solo escribeme un correo con la obra que deseas publicar ( poesìa o cuento breve 2paginas) o dejame elegir a mi entre tus trabajos publicados.... Espero respuesta por si o no. gracias
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Desde su genialidad, simple e infinita, Borges nos alivia al transmitirnos "ser esa cosa que nadi... Ampliar

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Así voy devolviéndole a Dios unos centavos
del caudal infinito que me pone en las manos.


Jorge Luis Borges




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EL SENTIMIENTO DE SER POETA. RAINER MARIA RILKE



EL SENTIMIENTO DE SER POETA.     RAINER MARIA RILKE

Rainer Maria Rilke: El sentimiento de ser poeta

"Todo ser habita en el único    espacio:
espacio interior del mundo. Las    aves vuelan en silencio
a través de nosotros. Ansioso de    crecer,
miro afuera, y dentro de mí crece    el  árbol.

Me aflijo, y se alza dentro de mí la    casa.
Velo, y dentro de mí está la vigilia.
Me convertí en amado: en mí la    imagen
de la bella creación reposa y se    deshace en llanto."

(Poemas dispersos y póstumos)

Manuel Vicent / Periodista español
Premio Nacional de Literatura (España)

 

 

 

Escribía versos. Sólo se sentía poeta y como tal, iba de mansión en mansión dejando un rastro de amores imposibles. La belleza y el espanto le perseguían adonde quiera que fuera y parecía huir siempre en busca de sí mismo. Con estos conceptos, el escritor Manuel Vicent traza una magnífica partitura biográfica sobre Rainer Maria Rilke.

 
La gran hazaña de Rainer Maria Rilke fue enamorar a todas las princesas, duquesas, marquesas y baronesas del imperio austro-húngaro y también a sus respectivos maridos; ser invitado a sus castillos, palacios y residencias; dejar en ellas como pago sólo unos poemas y que fuera ésa la forma en que sus nobles anfitriones se sintieran dignificados. Este hombre de ojos azules acuosos fue un poeta errante que iba de mansión en mansión, en Venecia, en Capri, en la Selva Negra, en París, en Roma, en Estocolmo, en Florencia, en San Petersburgo, en Duino y por dondequiera que pasó fue dejando también un rastro de amores imposibles. La vida de Rilke la dividió en dos un hecho banal: en 1906 se cortó la perilla pelirroja y se dejó el bigote estilo tártaro que le acompañaría hasta la muerte. Tenía entonces 31 años. Era el momento en que la fama estaba llamando ya a su puerta y el poeta se preparaba para las fotografías.

Había nacido en Praga, 1875, hijo de un militar frustrado, Josef Rilke, que acabó de funcionario de ferrocarriles, y de una madre, Sophie Entz, cuya cabeza estaba llena de delirios de grandeza, de armiños y carnets de baile sin que lograra nunca aceptar su condición de clase media. De hecho se separó muy pronto de su marido y se fue a vivir a Viena para rodearse del gran mundo de la corte y en Praga dejó a su hijo de nueve años vestido de niña con muchos lazos y puntillas a cargo del tío Jaroslaw, hermano del padre. Existen dudas de que Rilke llegara a superar este trauma, puesto que el odio a su madre le perduró hasta la muerte aunque tal vez de ella heredó su amor a la nobleza.

A expensas de su tío ingresó en la Academia Militar, en Moravia, pero fue un cadete enfermizo y tuvo que abandonar la carrera de las armas. Luego estudió filosofía y derecho en la Universidad de Praga. Muy pronto tuvo conciencia de que su destino estaba en otra parte. Escribía versos. Sólo se sentía poeta. Se hizo labrar un escudo familiar con dos lebreles rampantes y al amparo de una asignación de 200 guldas de su tío levantó en primer vuelo y recaló en Múnich donde enseguida realizó la primera captura. En una cervecería conoció a la condesa Franziska von Reventlow, una criatura bellísima y bohemia abandonada por la familia que vagaba sin rumbo en medio de la soledad. Rilke ensayó con ella su forma particular de conquista. Una primera aproximación a través de la ternura, unos versos incandescentes y cuando la caza ya estaba entregada el poeta huyó sin dejar de inundarla de bellos recuerdos a través de cartas y mensajes, de regresos y partidas.


Poco después entró en su vida una pieza de caza mayor. Lou Andreas-Salomé, una rusa de San Petersburgo, casada con un catedrático de lenguas asiáticas. Esta mujer se dedicaba a probar hombres de máximo nivel, a sobrevolarlos, a enamorarlos y a abandonarlos sin dejar de hacerse inolvidable. Por su vida pasarían Nietzsche, Freud y Mahler, venados de catorce puntas. Ella y Rilke usaban la misma forma de amar. El poeta tenía 21 años cuando fue abducido por la personalidad de esta mujer libre, diez años mayor que él. Entre los dos compusieron una pasión intelectual, una complicidad amorosa, y al mismo tiempo una sumisión atemperada por la admiración y una locura andrógina, que al final se transformó, como en otros casos, en una amistad estética. Vivieron juntos. Viajaron a juntos. Ella llevó a Rilke a San Petersburgo, su patria, y después sucesivamente habitaron en refugios secretos y no se sabe qué les producía a ambos más placer si encontrarse o buscar cada uno por su lado la soledad. Esa pasión fue manantial de muchos poemas amorosos. "Apágame los ojos y te seguiré viendo, cierra mis oídos y te seguiré oyendo, sin pies te seguiré, sin boca te seguiré invocando".


Rilke pasaba de los altos salones a las pensiones de mala muerte en una lucha sobrehumana por convertir lo visible en invisible a través de sus poemas. En medio de la miseria, de pronto, recibía una invitación. Podía ser de Rodin en París, del que fue secretario, o de la condesa Giustina Valmarana de Venecia, a una de cuyas hijas había enamorado en un viaje anterior. En esta misma ciudad había tenido otras amantes, la primera de ellas Mimí Romanelli que ya no se recuperaría nunca de los versos del poeta. Pero la llamada también podía venir de Berlín o de Hamburgo. Allí había aristócratas que coleccionaban noches de Rilke y él atendía a sus requerimientos. Acudía a la cita, pasaba unos días, unas semanas, unos meses entre jardines y porcelanas y se hacía sangre en la soledad para liberar la profunda poesía que lo habitaba. Así fue dejando atrás sus libros.


Pese a todas las fugas hubo un momento en que Rilke cayó casado. Fue con la escultora Clara Westhoff y sólo convivió con ella lo suficiente para que le naciera una hija. Lo suyo era rozarse con las amantes como con las alas de los ángeles. Buscaba una mujer que fuera guardiana de su soledad. Por lo demás el poeta sólo necesitaba silencio. Clara le dio el silencio y la lejanía, como Lou Andreas-Salomé, como la niña mendiga en las calles de París, Marthe Hennebert, a la que Rilke dio cobijo y educación y enamoró antes de abandonarla. "Cuando se ama a una persona se desea siempre que se vaya para poder soñar con ella", le dijo Marina Tsvetáieva, una escritora a la que también había enamorado. "El amor vive en la palabra y muere en las acciones", le contestó Rilke. Otra vez las cartas, otra vez los recuerdos. La princesa Marie von Thurn und Taxis le cedió el castillo de Duino, frente al Adriático, y allí escribió Rilke sus elegías.
Hubo un momento en que el editor Kippenberg se hizo cargo de toda su obra dispersa y le aseguró un estipendio regular al poeta. Ya había viajado a Egipto, se había extasiado en los templos de Luxor y en el Valle de los Reyes. Ahora seguía soñando con Toledo. Un día emprendió ese viaje hacia el sur para saciarse con toda la mística del Greco y huyendo del frío de Castilla llegó hasta Sevilla y Ronda donde se hospedó en el hotel Victoria.


La belleza y el espanto le perseguían adonde quiera que fuera y parecía huir siempre en busca de sí mismo. Al sentirse enfermo de muerte la princesa Marie von Thurn le cedió su mansión de Valois. Un Dios sin Cristo de intermediario le esperaba. Rilke fue un símbolo de su tiempo. En medio de guerras y matanzas de una Europa que se despedazaba en una carnicería este poeta seráfico trascendió aquel espacio como un ser incontaminado impartiendo el don de la belleza. Murió en la madrugada del 2 de enero de 1926 cuando todas las campanas del valle de Valois tocaban a misa. En su tumba fue grabado el epitafio que él mismo se había escrito.
"Rosa, oh contradicción pura, alegría de no ser sueño de nadie bajo tantos párpados".
Rodearon su tumba amantes enamoradas, viejos amigos, el editor Kippenberg y su mujer Khaterina y algunas gentes sencillas, que eran todas princesas. 

Poemas tempranos  ( de Rainer Maria Rilke)



Ésta es la nostalgia: morar en la onda
y no tener patria en el tiempo.
Y éstos son los deseos: quedos diálogos
de las horas cotidianas con la eternidad.

Y eso es la vida. Hasta que un ayer
suba la hora más solitaria de todas,
la que sonriendo, distinta a sus hermanas,
guarda silencio en presencia de lo eterno.


*

No puedes esperar hasta que Dios llegue a ti
y te diga: yo soy
un Dios que declara su poder
carece de sentido.
Tienes que saber que Dios sopla a través de ti
desde el comienzo,
y si tu pecho arde y nada denota,
entonces está Dios obrando en ti.


 


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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
19/12/08 | 19:16: Luis Alfonso dice:
¡Excelente artículo! Mis felicitaciones. ¡Namaste!
jesterchelsea@gmail.com
 
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